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Transparencia
28 agosto 2010
Volverás

La sala de mi casa huele a madera vieja. Me gusta la sala de mi casa, acostarme a leer en el sofá verde, hacer nada. Los libros desordenados en la biblioteca son con frecuencia una provocación arbitraria que obliga a ojearlos. Sostengo aquella novela de Bryce que me acompañó con nostalgia en lecturas pasadas y perdidas. En la sala de mi casa resuena el eco extinguido de reuniones festivas, de risas y ron, de confesiones olvidadas; acaso conserva la silueta de visitantes esporádicos que alguna vez estuvieron en la sala de mi casa. El verdor del balcón sirve de frontera para hacer de ésta mi refugio secreto. Me gusta abrir la ventana y dejar que entre la claridad, que resplandezca levemente este espacio mío donde el tiempo se dilata. Por la ventana no sólo entra la luz nublada de fuego, sino el ruido bestial del semáforo en la esquina. Suenan las escobas de los barrenderos en el pisito rojo, suenan las voces llamando a algún vecino. Cierro los ojos y me hundo en su ensueño precipitado. Algún día sé que volverás a la sala de mi casa, conversaremos mucho. Reiremos otra vez junto a las fotos de familiares antiguos que allí habitan.
Desvelo
